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El Antiguo Testamento: un libro fundamental

R. de la Lanza

Es el libro más influyente del mundo occidental. Es el libro del cual se han impreso más ejemplares que de cualquier otro. Los seguidores de Cristo a través de casi dos milenios, han leído en él sus enseñanzas y la historia de su fe. Y nosotros, junto con toda la cristiandad, lo consideramos la palabra de Dios. Hablamos de la Biblia.

En esta ocasión echaremos un vistazo particular sobre el Antiguo Testamento.

La palabra βιβλία (biblia) es de origen griego: la expresión τὰ βιβλία (tà biblía) significa “los libros”. A pesar de ser una palabra en plural neutro (algunas cosas en griego y en latín no son ni femeninas ni masculinas, sino neutras), con el paso del tiempo, biblia, se empezó a usar como singular femenino, y de esa manera se hablaba de “libros” como “El libro”.

Por la palabra Biblia, por lo tanto, no debemos entender un solo libro, sino una biblioteca divina.

La Biblia es la obra de muchos profetas y otros escritores inspirados que actuaron bajo la influencia del mismo Espíritu Santo; pero también es importante señalar que surgió “en muchas partes y en muchos modos” por un crecimiento gradual que se extendió durante muchos siglos, y podemos ver en los libros mismos evidencia de las variadas condiciones de tiempo y lugar y pensamiento en que se encontraban.

¿Qué son los Testamentos?

La Biblia cristiana tiene dos grandes secciones: el Antiguo y el Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento consiste en el canon de las escrituras llevadas entre los judíos de Palestina en el tiempo de nuestro Señor y recibido de esa manera en su totalidad por la Iglesia cristiana primitiva.

El Nuevo Testamento contiene escritos pertenecientes a la era apostólica, seleccionados por la Iglesia y considerados con la misma santidad y autoridad que las escrituras judías.

Los libros del Antiguo Testamento se extraen de una literatura nacional que se extiende durante muchos siglos y se escribieron casi en su totalidad en hebreo, mientras que los libros del Nuevo Testamento son obra de una sola generación y fueron escritos en griego (con la posible excepción de los evangelios de Mateo y Juan, que pueden haber sido escritos originalmente en arameo).

¿Por qué “testamentos”?

La palabra griega para testamento es διαθήκη (diatheké), y entre sus significados está el de la voluntad (como el testamento de alguien que ha muerto) pero también el de convenio y pacto. La dispensación del evangelio dada al profeta Moisés fue un pacto, una alianza sagrada que contenía doctrina, normas y ritos específicos de un orden preparatorio. Cuando llegó Jesucristo, Dios estableció la Nueva Alianza, renovó el pacto con la humanidad y lo extendió  en muchos sentidos. De ahí que tengamos el pacto antiguo y el pacto nuevo o el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento.

La Ley y los Profetas

La gente del tiempos de Jesús ya identificaba los libros sagrados judíos descritos como ‘las escrituras’ (Mat. 22:29; Juan 5:39; Rom. 15: 4) y ‘las santas escrituras’ (Rom. 1: 2; 2 Tim. 3:15). A esas escrituras las conocemos como la Biblia hebrea. Es el Antiguo Testamento.

Los libros del Antiguo Testamento están organizados en tres grupos:

  • La Ley o Torá (es decir, los libros que escribió el profeta Moisés)
  • Los Profetas o Nevi’im
  • Los Escritos o Ketuvim

Por eso, cuando el Señor es provocado mediante la pregunta ¿Cuál es el gran mandamiento de la Ley?, él responde:

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la LEY y los PROFETAS.

Mateo 22:35-40

La Ley y los Profetas se refiere a esas partes tan importantes de las Santas Escrituras. Fue como si hubiera dicho: “De estos dos mandamientos derivan todas las Escrituras sagradas”.

Este arreglo fue de acuerdo con la evaluación de los judíos de la importancia de los libros basados ​​en la identidad del autor. La Biblia utilizada por el mundo cristiano se basa en una disposición diferente de los libros del Antiguo Testamento y fue creada por una traducción griega llamada Septuaginta. En este caso, los libros se clasifican según el tema, como el histórico, el poético y el profético, que es el orden en el que aparecen en nuestras biblias actuales.

El idioma del Antiguo Testamento

Hay algunas cosas que debemos considerar del Antiguo Testamento para entender mejor su contenido, sus lenguaje y sus enseñanzas. Primero: El idioma original de la mayor parte del Antiguo Testamento es el hebreo, pero algunas partes (Esdras 4: 8–6: 18; 7: 12–26; Jer. 10:11; Dan. 2: 4–7: 28) fueron escritas en lo que popularmente se llama caldeo, que en realidad es arameo.

¿De dónde se ha tomado los textos para formar el Antiguo Testamento?

Hay tres fuentes de las cuales se tomaron los textos que lo integran:

  • manuscritos hebreos,
  • versiones antiguas y citas en el Talmud, y
  • otros escritos judíos antiguos.

Los manuscritos son de dos tipos:

(1) Rollos de sinagoga, sobre los cuales el Talmud da reglas elaboradas en cuanto a la naturaleza de las pieles y los cierres, el número de columnas en cada uno, y el tamaño de cada columna y título; en estos, la lengua hebrea no escribe sus vocales, sino sólo las consonantes.

(2) Manuscritos de uso privado, en forma de libro de varios tamaños, y tenía puntos que indicaban vocales, además de comentarios escritos al margen. Nota mental: No me vuelvo a sentir culpable de escribir y rayar en mis libros.

El AT se adquiere fama en el mundo antiguo

Cuando Alejandro de Macedonia, llamado el Grande o Alejandro Magno, emprendió su conquista del mundo en el siglo IV a. C., pasó y dominó por la tierra de los hebreos, que entonces había estado bajo el dominio de Asirios y Babilonios.

Alejandro había sido educado por el filósofo griego Aristóteles, y se interesaba por la historia y la cultura de los pueblos, de modo que, fascinado por la cultura y la religión del pueblo judío, convocó a sabios y escribas hebreos para integrarse a su equipo cultural, una especie de planta académica muy ambiciosa, a la que estableció en Egipto, en la ciudad Alejandría que la historia hizo más famosa —Alejandro fundó cientos de ciudades con ese nombre—, y los puso bajo la dirección de una familia de nobleza que armó mezclando la descendencia de los faraones con una familia aristócrata griega, que conocemos como la dinastía de los Ptolomeos.

La traducción griega del Antiguo Testamento se llama Septuaginta (setenta, en latín) porque la tradición judía dice que fue hecha en 70 días por 72 ancianos enviados desde Jerusalén, para el uso de los judíos de habla griega que se comenzaron a multiplicar en Alejandría en el reinado de Ptolomeo Filadelfo (ya en el siglo III a.C. unos cien años después de Alejandro), aunque las partes no se terminaron hasta mediados del siglo II a. C. La mayoría de las citas del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento están tomadas de esta versión.

Fue la Biblia de uso común al comienzo de la era cristiana e incluyó los libros llamados apócrifos. Esta traducción demostró un inmenso servicio a la iglesia cristiana, porque enseñaba, en lo que entonces era el lenguaje del mundo civilizado, las verdades religiosas que habían sido la posesión exclusiva de la nación hebrea. De esta manera, una religión de origen judío podía ser difundida enseñar religión al mundo.

¿Qué contiene el AT?

La primera parte, llamada La Ley o Torá, es decir, los escritos de Moisés, relatan la creación de la tierra, la creación de Adán y Eva, su familia, el relato del diluvio y el arca de Noé, y su descendencia, hasta llegar a Abraham, Isaac, su hijo y los mellizos Esaú y Jacob, que cambió su nombre a Israel, quien tuvo doce hijos, uno de los cuales fue José, el intérprete de sueños que fue vendido a Egipto. También se relata la propia vida y llamamiento de Moisés y la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto, los diez mandamientos y la ley que regiría la vida del pueblo del convenio.

Después están los libros de corte histórico que registra el gobierno de los jueces en Israel, con personajes como Sansón, Rut, Ana y Samuel, con el que llegó el cambio al gobierno de los reyes, de los cuales los primeros son Saúl, David (el que mató a Goliat) y Salomón, tras lo cual llega la división del reino en dos: Israel y Judá, con las invasiones del pueblo del Señor a manos de otras naciones, como los Asirios y los Babilonios, y tenemos a los profetas Elías y Eliseo, la reina Ester, entre otros.

También Se incluyen los Salmos de David y los proverbios y otros libros sapienciales y de poesía atribuidos a Salomón.

Entonces desfilan los libros de profetas como Isaías, Jeremías (y sus lamentaciones en poesía) Daniel y muchos otros, hasta Malaquías, cuya vida se ubica unos 400 años antes de Cristo.

El AT es un volumen fascinante, lleno de relatos e inspiración. Pero lo mejor es que todo en él apunta hacia la misión divina de Jesucristo:, como en Isaías, cap 9:

Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado; y el principado estará sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. El aumento de su dominio y la paz no tendrán fin, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre.